ULTIMA ETAPA: CÁDIZ-ALICANTE

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De nuevo nos hacíamos a la mar, esta vez para entrar en el Mediterráneo y concluir esta aventura de casi tres años de duración.

La cordialidad andaluza que recibimos en Chipiona no tuvo parangón, no sólo en el club náutico sino en el trato de los amigos que allí nos recibieron. Joaquín, último tripulante del Archibald, nos paseó por todo el Puerto de Santa María sin parar de hacernos degustar todos los productos típicos que tan olvidados teníamos, al igual que José María y Juan, con su barco gemelo al Archibald, que nos aprovisionó con artículos de su huerta, y ya con el barco repleto tanto jerez como de jamón, pusimos rumbo hacia Gibraltar.

El viento era favorable y pronto alcanzamos las aguas del Estrecho, haciendo entrada en el puerto gibraltareño justo a la puesta del sol.

Nuestro propósito era abastecer de combustible el Archibald, pues allí el precio es sensiblemente más barato que en España y a la vez pasear por las calles de esa “pequeña Inglaterra” y degustar una buena pinta de cerveza helada. Cumplido nuestro objetivo, de nuevo al atardecer y con un buen viento de Poniente volvimos a poner agua entre tierra y la popa de nuestro velero.

El Mediterráneo nos dio una grata bienvenida y Alejandro, nuestro “rutier” argentino, nos decía por la radio: “Aprovechad todo lo que podáis porque tenéis viento de popa hasta donde queráis llegar” y así fue, el Poniente soplaba con más de treinta nudos, lanzando al Archibald por encima de ocho nudos, algo inusual para nuestra embarcación. Jorge estaba asombrado; avanzando rápidamente con el barco muy estabilizado, casi sin sentir la ola, el Archibald tragaba millas a todo tren hacia nuestro destino “Eso es que ya tiene ganas de llegar a casa” le comentaba a mi compañero.

Los cabos se sucedían por nuestro babor; primero Sacratif, luego Gata, al día siguiente doblamos Palos y al atardecer amarrábamos en las instalaciones del Real Club Náutico de Torrevieja, donde Jorge, mi tripulante desde el Caribe, abandonaría lo que había sido su casa flotante para cruzar España, esta vez sobre ruedas, ya con verdaderas ganas de volver a ver a su familia.

De nuevo quedaba solo, esta vez para cubrir las últimas millas hasta donde había largado amarras hacía ya dos años y ocho meses.

Dejé por popa las instalaciones del club náutico de Torrevieja donde como siempre me dispensaron un trato preferencial y empecé a navegar las escasas veinte millas que me separaban de la isla de Tabarca. Fui reconociendo la tan familiar costa que desde mi salida no veía, tomando poco a poco conciencia que otra aventura tocaba a su fin. Quizá hubiera sido el momento de girar todo el timón y seguir recorriendo los mares, pero ahora debía terminar este periplo, el Archibald necesitaba su merecido descanso y yo no tenía más remedio que volver a la normalidad… antes de que fuera demasiado tarde.

Aquella noche, fondeado en las tranquilas aguas de la isla medite repasando las vivencias de los últimos tres años, recordé los buenos y malos momentos, algunos casi olvidados, como si yo no hubiera estado allí; recuerdos siempre intensos, sonriendo y reafirmándome en lo que había hecho, sin ningún tipo de remordimiento y que por supuesto no dudaría en repetir. Otra vez había aprovechado al máximo mi tiempo.

Al día siguiente y tras un baño mañanero en las límpidas aguas subí el ancla y puse rumbo hacia Alicante. Ya en las proximidades del puerto distinguí al bello Swan Victoria, de mi buen amigo Alfonso, que quería ser el primero en darme la bienvenida. A bordo iba su familia, Vicky, amigos y unos cámaras de televisión, luego, poco a poco, llegaron otros compañeros navegantes que fueron uniéndose al grupo para acompañarme hasta a las instalaciones del club de regatas. Allí estaba mi familia junto con más amigos, aficionados, socios del club, lanzando gritos de recibimiento.

El calor veraniego empezaba a ser sofocante, una vez amarrado el barco se sucedieron los abrazos exclamaciones de júbilo, brindis con champan… todo transcurría a un ritmo al que no estaba acostumbrado.

La fiesta concluyó con una buena comida y luego todo volvió a su lento ritmo estival. La vida seguía y yo ya formaba parte rutinaria de ella.

El Archibald disfrutaba de su merecido descanso y yo era el responsable de hacérselo agradable. Ahora tocaba sacarle su armadura de guerra en forma de velas, accesorios y trastos que le impedían moverse con más ligereza, junto con mi adaptación una vez más al nuevo ritmo de vida como un terrícola habitual. Todo esto era extraño para mí.

Una etapa diferente iba a empezar. Por delante tenía el alegre verano, pero ya tocaba ir haciendo planes; intentar engordar el “cerdito”, demasiado delgado para mi gusto, coordinar las charlas sobre el viaje, proyectar la concepción de un nuevo libro… Pero lo primero es adaptarse y ahora hace demasiado calor. En estos momentos me encuentro, estirando al máximo mis escasos ahorros, abasteciendo el Archibald de comida (gasoil gibraltareño todavía tengo más que suficiente), para partir en unos días hacia mis caletas secretas de Baleares… o más allá, el resto ya vendrá. El futuro llega esperándolo y para ello hay que prepararse de la mejor manera posible.

Un abrazo y hasta la próxima. Espero vuestros comentarios.

Cocúa, velero Archibald.

El Mediterráneo nos da la bienvenida.

El Mediterráneo nos da la bienvenida.

Cerca de Alicante me reciben los amigos navegantes.

Cerca de Alicante me reciben los amigos navegantes.

El final de la aventura se acerca.

El final de la aventura se acerca.

Paco y Tomás me entrevistan en el agua.

Paco y Tomás me entrevistan en el agua.

Por fin llego a casa.

Por fin llego a casa.

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Comentarios

  1. Daniel Tribaldos  julio 10, 2015

    ¡Bienvenido!, ya se te echaba de menos por la peninsula.
    Quisiera darte las gracias por hacernos participes de tus viajes y aventuras a los pobre terricolas que nos quedamos en tierra, al menos asi parece que tambien formamos parte de la tripulacion y tambien navegamos en tu grata compañia.
    Lo dicho, muchas gracias y buena proa.
    PD> Espero que tengas a bien informarnos en tu blog de las charlas y eventos, para intentar asistir a ellos.
    Salu2, Daniel Tribaldos.

    responder
  2. Jorge  julio 12, 2015

    “Desde la Martinica hasta Torrevieja han sido más de dos meses y mas de 4.000 millas los que he pasado en el ARCHIBALD con Cocua.

    Durante este tiempo – que siempre recordaré – ha habido casi de todo: navegar a vela y a motor; buceo con y sin botellas; pesca submarina y a la cacea; fondeos y amarres en muelles y pantalanes; mucho mantenimiento y algunas reparaciones; comunicaciones por radio y satélite; navegación electrónica; predicción meteorología; etc., etc.

    Pero, entre tantos trabajos y quehaceres – que agradezco, todos y cada uno de ellos al siempre dispuesto Cocua -, si, por resumir, tuviera que señalar uno solo lo mismo me quedaba con el entusiasmo, el espíritu docente y la motivación que José María siempre ha desplegado en la elaboración de las recetas de sus sabrosísimos platos y en … ¡ su buena disposición para comérselos ! .
    Gracias “Cocua”, un fuerte abrazo.

    responder
  3. Rafael  julio 20, 2015

    Te he seguido durante todo el viaje. Enhorabuena, eres la sana envidia de todos a los que nos gusta este mundo de la náutica deportiva y tenemos veleros. Un abrazo desde Cádiz.

    responder
  4. elena salas  julio 27, 2015

    Increible lo q vives y lo q nos haces sentir con tus historias.
    Me encanta lo q cuentas y como lo cuentas.
    Bienvenido a casa!!!!!!

    responder
  5. masiel  agosto 20, 2015

    Querido Cocúa: Gracias por contarnos tus aventuras, por ser inspiración, aliento y maestro de todos los agraciados con el gen trotamundos. Alicante sin ti no es lo mismo.
    Eres grande.
    Bienvenido
    Xx

    responder
  6. Fran  agosto 22, 2015

    hola Cocua.
    Eres el disfrute que no hemos sabido negociar en nuestras vidas y nos toca quedarnos por aquí.Sabes que eres el mal ejemplo de mis hijos y mío.
    Creo que en breve empezare a aprender un poco de todo eso,gracias a ti , tu gente, tu ilusión y el Archibald.Sigue con la suerte que has tenido siempre.
    Salud

    responder
  7. Julio  agosto 26, 2015

    Hola Cocua
    Como siempre un placer leer tus aventuras que me engancharon desde que tuve la suerte de llegar a este blog, soy quien junto a mi chica reconocimos al Archibald en Cala Saona, ojalá podamos coincidir mas veces.
    Espero con ganas la continuación que tus relatos que junto al google earth se convierten en toda una experiencia.
    Salud y buena mar!

    responder

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