DE NUEVO EN BUENOS AIRES

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Delta del río de La Plata

Delta del Río de la Plata

Club Náutico San Isidro

Club Náutico San Isidro

Archibald

Archibald

Tranquilidad en el amarradero

Tranquilidad en el amarradero

Estiba de provisiones

Estiba de provisiones

Río Luján

Río Luján

A finales de marzo, nos adentramos en el delta del rio de La Plata, dirigiéndonos al club náutico de San Isidro, donde el Archibald tenía su amarra de cortesía. Así dábamos por concluida nuestra aventura por la tierra más austral del planeta, el Sur del Mundo.

Durante más de cuatro meses nuestro Archibald y su tripulación: Fletcher, Alberto, Fran y yo, nos habíamos enfrentado a unas inclemencias meteorológicas terriblemente adversas, saliendo bastante bien parados de ellas y en compensación pudimos admirar la increíble belleza de esta parte de la Tierra desde un lugar fascinante como es la cubierta de nuestro velero.

Pero había sido duro. Se reflejaba en la mirada de Fletcher e imagino que también en la mía. Sabíamos que a pesar de toda la preparación, trabajos a bordo, estudios sobre la ruta, seguimiento meteorológico, hincapié en la seguridad… habíamos tenido suerte al haber conseguido regresar.

Durante unos días, tanto Fletcher como yo, trabajamos con empeño invernando el Archibald para su inactividad, al menos en cuestiones de navegación, durante los siguientes meses; el invierno se venía encima y de nuevo había que acondicionar el barco. Sacamos de sus alojamientos habituales y guardamos las velas, escotas y drizas para que no sufrieran deterioro, se revisaron las máquinas: motor principal, generadores, fuerabordas… cubrimos con lonas lo que quedaba a la intemperie: bote inflable, cabos, generadores eólicos, placas solares… realizamos una primera limpieza general y todavía nos sobraron algunos días para pasear por la gran ciudad y volver a integraros en la civilización.

En abril Fletcher regresó a España y yo, harto de barco y agua, metí en mi mochila lo indispensable y embarqué en el primer autobús que salía hacia el interior del país, dirección a la cordillera andina.

Tras un día de viaje recale en la ciudad de Bariloche, un maravilloso lugar enclavado a las orillas del lago Nahuel Huapi tal vez demasiado turístico para mis pretensiones y seguí camino hasta la pequeña villa de El Bolsón, más cercano a la cordillera y nuevo lugar de residencia de mi buen amigo y gran navegante Eduardo Klenk, voluntariamente exilado de su entorno marino y dedicado al arte y la contemplación, más de lo segundo que de lo primero. Allí pasé un par de semanas muy agradables, rememorando olvidadas aventuras, recorriendo los alrededores y, por mi parte, escuchando divertidas anécdotas relatadas por mi amigo sobre su vida como vagabundo de los mares y que algún día, no muy lejano, espero, os describiré.

Tras una buena temporada de desintoxicación náutica regresé a bordo de mi velero donde, por no decir a Ritmo Tropical al no encontrarme en el trópico pero sí embebido por lo que aquí llaman “El mal del Sauce” comencé lenta pero dignamente a alternar los habituales trabajos del barco con la vida social bonaerense de la mano de buenos amigos y a la vez prestigiosos anfitriones porteños, porque Buenos Aires, sobre todo en invierno, se destaca como capital cultural de primer orden. Los teatros, cabarets, notables cafeterías, museos, edificios emblemáticos, turnábanse con inevitables y a la vez insuperables asados, fiestas nocturnas, excursiones por el extrarradio, incluyendo regatas sociales, cócteles, inauguraciones, conciertos… y por mi parte espectaculares paellas, selección de tortillas españolas y alguna que otra charla ofrecida a un selecto auditorio argentino.

El tiempo y el frio pasaban lenta pero inexorablemente. En agosto no tuve más remedio que volar a la calurosa España por motivos administrativos y a la vez encontrarme con Vicky, Fletcher, familiares y amigos a los que echaba de menos y hacía casi dos años no veía.

Alguien me preguntó: “Y ahora… ¿Hacia dónde vas a poner la proa del Archibald?

Algo que desde mi llegada a Buenos Aires había intentando eludir de mis pensamientos.

Mi estancia en España fue breve. El repentino calor, tan empalagoso, junto con el contraste del año y medio de frío fue insufrible, pero la pregunta sobre futuros proyectos pesaba sobre mí todavía más.

Volver al Sur, aunque sólo fuera para luego internarme en el Pacífico, me erizaba el vello de la nuca. Sudáfrica no me interesaba demasiado, ya que las noticias sobre las acciones de los nuevos piratas que llegaban del Índico no eran alentadoras precisamente.

Quedarme por estos alrededores tampoco era opción, ya que Argentina, debido a gestiones políticas desafortunadas, venía desmoronándose a grandes pasos; no había más remedio que plantearse el arrancar de nuevo.

La opción elegida fue la más lógica: Poner rumbo hacia el norte y volver a recorrer las costas de Uruguay, Brasil, Guayanas y Caribe. Pero esta vez sin prisas, disfrutando de los lugares paradisíacos, retomando de nuevo mi añorado Ritmo Tropical. Otra vez juntos mi Archibald y yo, dispuestos a emprender nuevas aventuras que por supuesto os relataré, incluso es posible que en breve recibáis otra sorpresa: un nuevo libro donde os describiré esta última aventura por el Gran Sur. Pero tengamos calma, sin agobios, que lo primero es la salud.

Así pues la partida está acerca. Os pido perdón por la desinformación durante todos estos últimos meses, pero las circunstancias y el “Mal del Sauce” así lo dispusieron, más lo siento yo, que con tanto asado, chorizo, chinchulines, ojo de bife y buen vino he engordado. Pero ahí está el trópico, que curte, adelgaza y anima a seguir navegando. El Sur se lo dejo a los bretones, que están lo suficientemente locos como para decir que aquello es el paraíso de la navegación.

A partir de ahora os tendré al corriente de mis movimientos, palabrita del Niño Jesús.

Hasta la próxima.

Cocúa Ripoll, velero Archibald.

 

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Comentarios

  1. David Quintana  octubre 7, 2014

    Tranquiliza saber que todo va bien y esperamos ansiosos las novedades. Una abrazo Cocúa.

    responder
  2. El Mozo del Quincho Pajabrava  octubre 8, 2014

    Alegria inmensa de saber que estas navegando!!!
    Hoy Miercoles te extrañaremos en el Quincho.
    Nos veremos en algun puerto…SEGURO!!!
    Abrazo grande

    responder
  3. Daniel Tribaldos  octubre 9, 2014

    Y esperamos ansiosos el nuevo libro, que el primero me gusto muchisimo. Todavia tengo localizado en Google Earth, el paraiso de las perlas en la Polinesia, para acercarme algun dia. Abrazos y mucha suerte.

    responder
  4. GUILLERMO ST.MARY  noviembre 19, 2014

    hola Jose soy el tripulante del velero terapia , recuerdas que estuvimos en rio grande do sul comiendo una corvina . Nuestro viaja angra fue muy agradable , te mando un abrazo y cuando puedas dime por donde navegas . un abrazo gigante .

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