A MODO DE ACLARACIÓN.

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Queridos amigos.

Parece ser que una de las notas que han ido apareciendo en la Web, en concreto la del viaje al sur que hicimos Fletcher y yo, han suscitado resquemores entre los amantes de la Patagonia. En verdad lo siento, pero no puedo más que reafirmarme en aquello que escribí.

Quizá no fui claro en expresarme, por lo que ahora intentaré precisar mejor aquella exposición.

El motivo del viaje al sur que realizamos Fletcher y yo fue únicamente para recabar información técnica sobre los puertos que posteriormente encontraríamos a nuestro paso cuando navegáramos por aquella zona con destino a Ushuaia, cosa que por cierto emprenderemos en breves días, y a la vez verificar lo que otros tantos navegantes, la mayoría argentinos,  nos advirtieron antes de nuestra salida: “De Mar del Plata haced rumbo directo hasta al menos Isla de los Estados; incluso, vosotros los europeos podéis hacer escala en Malvinas, pero evitad los puertos de la Patagonia.”

Efectivamente nuestra futura ruta planeada a bordo del Archibald tocaría Mar del Plata, pero pensábamos que sería inteligente navegar paralelo a la costa, por supuesto evitando las bahías profundas, saltando de cabo en cabo, pero con la posibilidad de tener cerca refugio para guarecernos en caso de mal tiempo o solucionar los problemas que surgieran a bordo de nuestro velero.

Resolvimos viajar en transporte “colectivo” de ciudad en ciudad, siempre costera, para verificar in situ las características y condiciones náuticas que nos interesaban, como pueden ser seguridad en los atraques y fondeos, servicios técnicos náuticos, situación de gasolineras, ubicación de hospitales y demás infraestructura que llegado el caso podríamos necesitar durante nuestra próxima travesía.

 Evidentemente excluimos de nuestra trayectoria las ciudades que se apartaban de la ruta lógica planeada para nuestro velero y en definitiva nos ceñimos a una lista de poblaciones cercanas a costa que podían suponer alternativa de escala en caso de necesitarlo, más concretamente las de Necochea, Puerto Madryn, Rawson, Caleta Olivia, Comodoro de Rivadavia, Puerto Deseado, San Julián y Rio Gallegos. La primera sí reunía buena parte de las condiciones referidas, pero al encontrarse demasiado cerca de mar del Plata perdía cierto interés, al menos para nuestro objetivo. El resto, insisto, bajo nuestro punto de vista técnico, dejaba mucho que desear.

Tal vez en otra época del año y con otras expectativas el viaje hubiera sido diferente, pero ahora no nos interesaban en absoluto las ballenas de Madryn ni sus colonias de focas, al contrario, las veíamos como un impedimento para la navegación, tanto ellas como las restricciones que las amparan. Tampoco nos interesaron las minas de Rawson, ni las prospecciones petrolíferas de Comodoro de Rivadavia, pero sí nos llamaron la atención tanto el fuerte viento constante como las precarias instalaciones portuarias. El resto de villas costeras, enclavadas al fondo de complicadas rías, sujetas a fortísimas corrientes, bancos de arena móviles y escasa infraestructura dentro de lo que procurábamos localizar nos hizo regresar a los quince días, con las orejas gachas, y admitir el comentario: “Ya os lo habíamos advertido, hay que hacer rumbo directo…”

En cualquier caso no fue un viaje en balde; admiramos la Patagonia profunda, sacamos nuestras propias conclusiones y constatamos lo que teníamos por delante.

En cualquier caso las costa patagónica también ofrece abrigos a tener en cuenta, que lamentablemente no pudimos llegar a conocer por estar demasiado alejados de toda ruta de circulación, pero en definitiva ofrecen al menos protección al navegante sorprendido por un fuerte Pampero. Estos refugios, entre otros, son: Caleta Paula, Camarones, Caleta Hornos… Lugares a considerar en caso de necesitar guarecerse.

El referido viaje lo realizamos en pleno invierno, con mal tiempo y frío considerable, saltando de una población a otra lo más rápidamente posible, pasando la mayor parte del tiempo apoltronados en las cómodas butacas de los “omnibuses”, sin dar tiempo a entablar relaciones con los lugareños ni admirar con calma lo que hace único el sur argentino. En cualquier caso hay lugares dentro de este país mucho más atrayentes si lo que se busca es la belleza que ofrece la Naturaleza en sí.

Nada más terminar nuestro periplo, todavía en la estación de Retiro, Fletcher se volvió y me dijo: “el próximo invierno me voy a Iguazú” me pareció muy buena idea.

Cocua

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